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Exposición: África, la figura imaginada

, 8 junio 2004

Una máscara guere señala y persigue al culpable de un delito grave e, incluso, puede ejecutarlo; los ngang o feticheros bembe introducen reliquias del difunto (uñas o cabellos) por el ano de las estatuillas para que incorporen el espíritu de los muertos; como si de reliquias se tratara, los cráneos de los antepasados fang se conservan en cajas de corteza de árbol coronadas por una escultura-guardián y participan en los ritos de iniciación; en el país de los baulé, los difuntos o ‘gentes del naurelko’ comparten los hogares con los vivos en forma de estatuilla de madera… Criaturas de formas enigmáticas e, incluso, de proporciones aberrantes a ojos de los occidentales, las esculturas africanas encarnan para las diversas etnias del continente a antepasados, espíritus, personajes míticos y otros seres sagrados. Ajenos a nuestros principios estéticos y guiados por su instinto, los ‘artistas’ africanos seleccionan, simplifican y alteran las proporciones anatómicas en un conjunto orgánico y coherente de inusitada belleza. La exposición África, la figura imaginada pretende contagiar al público occidental la pasión por el arte africano que en su día sintieron Derain, Picasso, Modigliani y muchos otros a través de 166 objetos sagrados y enigmáticos de diferentes etnias de África central y occidental que muestran diferentes representaciones de un mismo tema: la figura humana. Las obras, relacionadas con los rituales de las sociedades secretas y el culto a los antepasados, están esculpidas en su inmensa mayoría en madera y recubiertas de barnices, aceites, fibras vegetales, plumas o clavos de hierro. La exposición ha sido organizada y producida por la Fundación ”la Caixa”, y ha contado con la colaboración del Africa Museum de Tervuren (Bélgica), el Museu de História Natural da Facultade de Ciências-Universidade de Porto, el Museo Nacional de Antropología de Madrid, el Museu Nacional de Etnologia de Lisboa, el Museu Etnográfico da Sociedade de Geografia de Lisboa y The British Museum de Londres, así como de coleccionistas particulares.

La exposición África, la figura imaginada, comisariada por Albert Costa, se podrá visitar en la Fundación ”la Caixa” de las Illes Balears (plaza de Weyler, 3; Palma), del 9 de junio al 29 de agosto de 2004, y en el Centro Social y Cultural de la Fundación ”la Caixa” de Tarragona (mediados de septiembre a finales de octubre de 2004).

Los primeros objetos de arte africano llegaron a Europa en el siglo XV a bordo de barcos fletados por portugueses. Las formas desorbitantes de las máscaras y los fetiches los convirtieron en objetos de colección muy preciados en los gabinetes de curiosidades exóticas. No fue hasta el siglo XX cuando artistas como Picasso, ajenos al gusto por el exotismo y la curiosidad científica, reivindicaron el gusto por unas formas plásticas de inusitada belleza.

Precisamente, uno de los aspectos que más les atrajo fue el tratamiento de la figura humana. Extraños a los cánones europeos renacentistas, los ‘artistas’ africanos representaban el cuerpo con enorme libertad: figuras estilizadas en las que la anatomía humana aparecía reducida a unos trazos esquemáticos, máscaras que representaban de manera abstracta a antepasados y espíritus, imágenes de extrañas proporciones con asimetrías y deformaciones que exaltaban determinadas capacidades o provocaban un efecto terrorífico…

La representación del cuerpo humano por las diversas etnias africanas es el objetivo de África, la figura imaginada, exposición que no pretende explicar las razones psicológicas, sociales o históricas de la extraordinaria multiplicidad de estilos. Sólo trata de describir, es decir, mostrar, al público occidental la riqueza y la belleza del arte africano. Para ello se han seleccionado 166 objetos sagrados de más de una quincena de etnias, todas ellas de África central y occidental. Entre las obras no sólo hay esculturas y estatuillas, sino también arcas, portadores y máscaras, cetros, bastones, poleas de telar, placas de palacio, peines, taburetes, tabaqueras, reposacabezas y objetos para la adivinación. En todos ellos aparece representada la figura humana de una u otra forma.

Con materiales tan sencillos como la madera, las diferentes etnias han conseguido una enorme diversidad de formas. Desde la delicada estilización de las figuras senufo hasta las figuras del culto del byeri, recubiertas de gruesas pátinas grumosas. De la enigmática belleza geométrica de los relicarios kota a la fuerza tenebrosa de los fetiches kongo. Del complejo simbolismo de un arca dogón al realismo aristocrático del arte de Benín.

Al igual que en la música, las esculturas africanas son rítmicas y en ellas domina la percusión. África, la figura imaginada pretende ser también un homenaje a sus ‘escultores’ anónimos.

LAS DIFERENTES ETNIAS PRESENTES EN LA EXPOSICIÓN

De cada una de las etnias seleccionadas en la presente exposición se muestran varias obras de forma que, reunidas, permitan hacer comparaciones entre las pertenecientes a una misma comunidad, sus similitudes y diferencias, así como establecer distinciones entre los grupos próximos. Las etnias representadas son:

Dogón. El acantilado de Bandiagara, en Malí, es el hogar de los dogón. Los tellem, los antiguos habitantes, dejaron sus vestigios en las cuevas de las paredes rocosas. Las esculturas tellem y dogón parecen emular con su aspecto hierático y sus formas afiladas la geometría severa del acantilado. Muchas de las esculturas muestran gestos de recogimiento, ya que las estatuas interceden ante las divinidades o bien las representan.

Bamana. Los bamana de Malí fabrican sus esculturas para los ritos de iniciación de ambos sexos. Las máscaras de antílope y hiena sólo pueden ser utilizadas en las ceremonias de los varones. En las mismas fiestas, unas figuras femeninas bailan en manos de los jóvenes de la casta de los herreros: son las llamadas nyeleni, «hermosa muchacha», que tienen un claro contenido erótico.

Senufo. Los senufo viven entre Malí, Burkina Faso y Costa de Marfil. Muchas de sus obras de arte están relacionadas con el Poro, sociedad secreta de iniciación masculina. Las esculturas forman el panteón de los antepasados y a veces coronan los bastones utilizados en los ritos agrícolas y las bobinas de los telares. También las mujeres tienen sus propias sociedades, en cuyos ritos de adivinación se emplean pequeñas figuras.

Las tribus del oeste de Costa de Marfil. Entre los dan, we, bete y guro las máscaras participan en los ritos más importantes: la iniciación de los jóvenes, las declaraciones de guerra o la celebración de la paz, y la entronización de los jefes. También contribuyen a sofocar incendios y a la persecución de malhechores. Otras salen en los días de fiesta para divertir a mujeres y niños. En todos los casos, el portador de la máscara debe estar dotado para la mímica y el baile, ya que con sus movimientos ha de dar vida a un espíritu, divinidad o antepasado.

Baulé. Los baulé habitan el norte de Costa de Marfil. Para ellos, los difuntos se encuentran en el otro mundo, pero sus almas permanecen entre los vivos en forma de estatuillas, «gentes de madera», que son cuidadas con esmero y reciben ofrendas regularmente. Representan el cuerpo humano de manera directa y delicada, con detalles pormenorizados. Su aire soñador y su delicadeza despiertan la ternura de quien las contempla.

Benín. Durante 500 años en la ciudad de Benín, en Nigeria, los artesanos creaban sus piezas para la dinastía reinante. Llamado oba, el rey se convertía en dios al acceder al trono y todos los súbditos estaban a su servicio. Cada oba poseía su propio altar, donde veneraba las cabezas de sus antecesores esculpidas en latón. Mostrar sólo la cabeza indicaba que tales antepasados gozaban de una «buena cabeza», esto es, voluntad, carácter y la capacidad de pensar. Las placas de latón cubrían las columnas del palacio real y narraban hechos reales o míticos que ensalzaran al oba en el poder.

Fang. Los fang ocupan territorios de Guinea Ecuatorial, el sur del Camerún y Gabón. Practican un culto familiar, el byeri, en el que los cráneos de los antepasados se guardan en cajas hechas de corteza. Sobre dichas cajas colocan una escultura que ejerce de guardián. En los ritos de iniciación, después de meses de duras pruebas, los niños se encuentran por fin frente a los cráneos pintados con caolín y arcilla y rociados con la sangre de un pollo sacrificado, mientras la escultura, adornada con plumas y untada con aceite de palma, les mira fijamente.

Kota. Vecinos de los fang, los kota de Gabón también guardan las reliquias de sus antepasados en cestos coronados por esculturas que sorprenden por sus rasgos abstractos: figuras geométricas en las que los escultores inscribieron con admirable eficacia un rostro humano. Fueron dichos rasgos los que fascinaron a los artistas en el París de los años veinte y les incitaron a contemplar, coleccionar y copiar estas figuras.

Kongo. En la República Democrática de Congo, los reyes kongo dominaron un amplio territorio hasta el siglo XVII. El arte kongo manifiesta un naturalismo reducido a sus rasgos elementales, especialmente en las maternidades y en las esculturas erizadas de clavos. Muchas de tales figuras se usan como fetiches: resuelven conflictos entre personas o clanes, libran de maleficios, protegen de robos y agresiones… En cualquier caso, es el brujo quien manipula la estatua y la dota de poder.

Bembe. Los bembe participan de la gran cultura kongo. Considerados los mejores miniaturistas de África, sus figuras tienen un carácter dinámico y monumental. Imagen de un antepasado, la estatuilla debe ser consagrada por el nganga o fetichero, que introduce reliquias del difunto, uñas o cabellos, en el ano, momento en el que incorpora el espíritu. Estas estatuillas son conservadas con afecto y consultadas.

Chokwe. En el siglo XIX, el tráfico de caravanas con las factorías europeas de la costa propició el establecimiento de jefaturas en las montañas de Angola. El comercio de marfil y esclavos y la posesión de armas de fuego hicieron de los jefes chokwe figuras prestigiosas, y muchas esculturas los representan como personajes míticos. Con la posterior dispersión hacia el norte su arte adquirió un carácter más popular: estatuillas de mujer, máscaras y taburetes.

Mbala. Los mbala viven en la República Democrática del Congo. Sus esculturas muestran escenas de la vida cotidiana: maternidades y músicos, casi siempre tocando el tambor. Durante las ceremonias, las figuras son pintadas con caolín y polvo rojo. Pertenecen a los jefes y simbolizan su autoridad, además de representar los valores morales de la sociedad.

Luba. Los luba, «gente de sangre sagrada», mantuvieron sus jefaturas en el sudeste de la República Democrática del Congo hasta finales del siglo XIX. Las esculturas son símbolos de poder para las clases altas: figuras de antepasados, asientos sostenidos por cariátides, cetros esculpidos que se usan en ceremonias aristocráticas. Etnia matrilineal, los luba esculpen la figura femenina con elegancia, sensualidad y dulzura.

Songe. Los songe fabrican fetiches de aspecto feroz. En una cavidad tapada con cuernos, piel o tejido se introducían en ceremonias secretas unas sustancias mágicas: caolín para llamar a los difuntos, veneno de serpiente, tierra de cementerio y falanges de dedos de pigmeo para obtener su destreza en la caza. Las grandes esculturas son invocadas en las noches de luna llena por oficiantes femeninas que piden el bienestar de la gente del poblado. Estos fetiches no se pueden tocar con las manos desnudas, pues causarían la muerte de quien lo hiciese.

Lulua. Los lulua de la República Democrática del Congo veneran las esculturas de los jefes fundadores, que lucen tatuajes, las armas de la realeza y la falda de piel de leopardo. Las mujeres estériles se inician en una sociedad dedicada al culto de las maternidades y las figuras femeninas. Éstas muestran un ombligo sobresaliente que representa la relación con el mundo de los no nacidos y los antepasados, y también es símbolo de fertilidad.

Tabwa. Los tabwa de la República Democrática del Congo se agruparon en jefaturas al final del siglo XIX. La escultura del antepasado con la azuela al hombro simboliza al «señor de la tierra» y pertenece al jefe del linaje y a los brujos. Las figuras pequeñas están destinadas a la adivinación. Los tatuajes significan «el nacimiento de la luna», pues los tabwa celebran ceremonias cada luna llena.

África, la figura imaginada
Del 9 de junio al 29 de agosto de 2004

Inauguración: martes 8 de junio, a las 20 h

Lugar: Fundación ”la Caixa” en las Illes Balears
Pl. de Weyler, 3
07001 PALMA

Horario:
De martes a sábado, de 10 a 21 h
Domingos y festivos, de 10 a 14 h
Lunes, cerrado

Servicio de información de la Fundación ”la Caixa”: Tfno.
902 22 30 40

Entrada gratuita

www.fundacio.lacaixa.es

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